viernes, 20 de febrero de 2015

El gato de ayer

Cuando despertó por la mañana, se quedó muy asombrada por lo que estaba pasando fuera. Sí, al otro lado de su ventana estaba lloviendo a cántaros, el cielo recubierto por nubes grises preciosas que asomaban por aquella sierra que se ven tapadas en el horizonte.

A la hora de salir de casa, vio innecesario llevarse su paraguas morado con puntitos amarillos y negros, puesto que, además de llover; hacía bastante viento.

Lo curioso ocurrió después, cuando volvió a casa. Notaba que le perseguía el maullido de un gato y cada cuantos pasos lo escuchaba.
Extrañada se quedó cuando también lo escuchó en el ascensor. Buscándolo en el suelo con la mirada, y tras no detectar nada, decidió no darle más importancia.

Al día siguiente, las calles seguían mojadas, y sin acordarse del "gato de ayer", volvió a salir. De nuevo, escuchaba los maullidos.
Andaba tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau. Tres pasos; miau.
Decidió quedarse quieta un momento y darse la vuelta para ver al gato, y fue cuando se percató de que... eran sus zapatos los que hacían esos ruidos.